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La boda de Manuel y Ana estaba programada para una muy calurosa tarde del mes de julio y os aseguro que la expresión muy calurosa se queda corta. Pero el evento fue mucho más que maravilloso; naturalmente lo que más abundó fue las botellitas de agua mineral, además repartidas por media finca porque el calor fue casi extremo de soportar. Pero ni una sola duda en cuanto a lo genialmente bien que lo pasamos, unos haciendo nuestro trabajo y, novios e invitados disfrutando increíblemente de todo el acto.

En la mañana acudimos al local de las maquilladoras y peluqueras para dejar recuerdo de unos momentos intensos y muy detallistas para la novia y su madre, todo facilidades y participación por parte de las profesionales, un encanto de personas. Participamos de los domicilios de los novios donde realizamos unas muy interesantes y preciosas capturas fotográficas y salimos hacia la finca aún con el sol algo alto. La finca Los Tres Corrales, ubicada en las afueras de Chinchón, no te deja indiferente pues la orografía, estructura y planteamiento estético resulta de una enorme belleza natural al aprovechar unas colinas con tal densidad de bosque de pino sobre todo, que te sientes en medio de un cuento.

Los preparativos que habían sido cuidados hasta el mínimo detalle por parte de su gerencia y personal fueron llamativos, tanto por el lugar de celebración de la ceremonia civil como del comedor situado en una descomunal carpa fija con todo lujo de detalles técnicos y sobradas comodidades; aquí el calor no existió pues la refrigeración estuvo óptima en todo momento.

Lo pasamos estupendamente gracias, cómo no, a unos invitados que más allá de pura diversión, aportaron mil detalles en el desarrollo del evento. Nuestro reportaje de boda sólo podía resultar de absoluto éxito porque las facilidades que además nos aportaban todos eran constantes. Una entrada al comedor -la carpa- con corte de cinta por parte de los novios y sus padres y un recibimiento como suele ser habitual siempre, algarabía, «vivas», emoción y todavía alguna lágrima.

Al final y tras un bonito corte de tarta y el baile nupcial ya de nuevo en los jardines, la fiesta se desenvolvió con un sabor lleno de bailes constantes, lanzamiento del ramo de novia y más sorpresas. Desde luego el juego tan intensamente rústico pero elegante que dispone la finca Los Tres Corrales resultó para nuestro trabajo algo inmensamente atractivo y para los invitados un aire festivo diferente, con un acentuado bucolismo y sin faltar de nada. ¡Enhorabuena a Manuel y Ana!

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