Todavía resuenan campanillas en nuestros oídos cuando Álvaro y Carlota se acercaron a nuestro estudio para conocernos en persona y poder tratar lo que iba a ser su futuro reportaje de boda. Lo cierto es que venían esa misma mañana de entrevistarse con algún fotógrafo más tal y como estuvieron haciendo también el día anterior. Y fue un verdadero placer conocernos. En resumen, tras una hora de entrevista se marcharon y sin haber transcurrido dos minutos volvieron a llamar a la puerta, momento en el que yo dije “os habéis dejado algo…”; Carlota muy sonriente me contestó que al salir y en esos dos minutos acababan de decidir que “eres nuestro fotógrafo, Vicente”… Boda militar, reportaje religioso-castrense, de lujo.

Nos fuimos a Cercedilla a realizar un bucólico reportaje de preboda, o de novios como algunos prefieren llamarlo de manera más explícita -y ajustada-. La verdad es que resultó una mañana de lo más agradable porque el día estuvo inundado de sol filtrado entre la maravillosa boscosidad del Valle de La Fuenfría y si a ello le sumamos la juguetona presencia de Obelix, el espectacular perro de Álvaro sobradamente entrenado con carácter castrense, ¡un fenómeno!

La boda se llevó a cabo unos meses después también en Cercedilla, en la preciosa Parroquia de San Sebastián. La grata sorpresa fue la presencia de una incipiente nevada que dosificó a las mil maravillas un enlace nupcial a cuya salida el ambiente se iba envolviendo de manera muy suave en velo blanco que ofreció un lustre más que brillante a la salida de los novios en su camino bajo los sables de los compañeros de armas. Carlota lucía como novia casi celestial con ese inolvidable vestido de diseño creado por el siempre espectacular diseñador Rafael Dodero.

La celebración en la finca Miravalle, ya en Guadarrama, nos acogió como nunca es de otra manera más que con el siempre maravilloso buen gusto y exquisitez habitual de esta finca que nos tiene de sobra acostumbrados a unas celebraciones donde el detallismo, atención y servicio ofrecen el listón más alto que puedes esperar de cualquier finca (y Miravalle, os aseguro, no es cualquier finca).

Un diez absoluto a las familias de los novios, pues facilitaron nuestro trabajo de manera increíble, el trato de ambas hacia nosotros, la sensacional disposición desde la tarde anterior cuando ya nos recibieron al invitarnos a la pre-cena con ellos y sus principales invitados, en fin, unas personas llenas de encanto y formidable compañía. Y por lo demás pues bueno, disfrutamos al máximo realizando nuestro trabajo profesional y completamos una casi doble jornada que nos dejó esas exquisitas sensaciones de buen rollo y mejor hacer en lo que a nuestros resultados los novios siempre esperáis y obteneis. ¡Felicidades!

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