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Unos novios verdaderamente especiales Javier y Natalia. Nos llamaron a través de Google donde dicen que, nada más ver entre varios posibles fotógrafos a nivel nacional, nuestra página web -siempre exquisitamente bien posicionada- quedaron enamorados de nuestras fotografías de bodas y nuestro estilo de servicio…¡de nuevo mil gracias Javier! Con no mucho tiempo la verdad -realizamos su reportaje de preboda casi sin tiempo para la boda, pero fue genial- comenzaron a preparar lo que resultó una magnífica boda, tan llena de encanto como de profunda fe. Una entrega con carácter absolutamente religioso para unir las emociones de dos familias que se veía y sentía su total proximidad de filosofía de vidas. Todo fue genial a la hora de realizar nuestro reportaje de boda gracias a personas que facilitaron nuestra labor con maravillosa consideración ante lo que supone narrar la historia gráfica de una boda con más de doscientos invitados.

En los domicilios fue sensacional movernos como entre bastidores, para los novios -cada uno en el suyo- como los familiares que se hallaban ya acompañando a ambos.

En la sobria pero hermosa parroquia del Santo Cristo de La Misericordia de Boadilla del Monte (Madrid), amplia y generosamente iluminada, vivimos un enlace nupcial oficiado por un pater acompañado de otros tres sacerdotes, uno de ellos miembro de una de las familias. Hubo varios momentos de intensa emoción pues una liturgia que va acompañada de un enlace cristiano con profundo sentimiento se traduce en limpias miradas que se elevan hacia el Altísimo aflorando lágrimas en muchos rostros.

Y salimos sin la más mínima demora hacia Guadarrama, camino de la finca Miravalle donde se realizará la recepción de invitados con la correspondiente celebración. Aquí todo rueda como no puede ser de otra manera formidablemente bien. Las maravillosas atenciones y despliegue de medios por parte del personal de la finca son encomiables. Los invitados disfrutaron de una cocina propia y un ambiente en la carpa permanente que la finca tiene habiliatada -uno de sus varios salones de celebración- que todos quedaron absolutamente admirados y agradecidos por tal despliegue de excepcional clase y estilo.

Los novios finalmente invitaron también a una fiesta inolvidable, ya entrada la noche, en la que nuestro trabajo fue tan profesionalmente divertido que deseábamos no terminar, cosa curiosa cuando realmente en las bodas y tras doce o catorce horas de trabajo, comienzas a sentir un poco las ganas de aminorar. Maravillosa boda y maravillosos los novios, ¡felicidades Javier y Natalia!

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